2026 Meditaciones de Cuaresma

Nuestras meditaciones de 2026 han sido escritas por la hermana Mónica Clara, una monja episcopal y autora que inesperadamente se convirtió en estrella de TikTok. Estas meditaciones son una invitación a redescubrir, o profundizar, los hábitos de orar, adorar leer las Escrituras. Estos hábitos santos nos arraigan en Dios y le dan forma, significado y dirección a nuestras vidas.

2 DE MARZO – 7 DE MARZO

LUNES 2 de marzo

Y Jesús les dijo a sus discípulos que siempre tuvieran lista una barca a causa del gentío para que no lo apretujaran; porque había sanado a muchos, de modo que le caían encima todos cuantos tenían plagas, para tocarlo.

— Marcos 3:9-10

“¡Necesitas aprender a delegar!” es un estribillo que escucho todo el tiempo como hermana superiora de la Comunidad de San Juan Bautista. Mis hermanas me recuerdan constantemente que tengo que darles parte de mi carga de trabajo a ellas, al personal remunerado, a nuestras asociadas o a nuestras oblatas. No me resulta fácil delegar porque siempre pienso que soy la única que puede hacer las cosas “correctamente”. La persistencia de mis hermanas me recuerda no solo que necesito reducir mi carga de trabajo, sino además que no estoy sola.

En este pasaje del Evangelio de Marcos, vemos a Jesús delegando. La noticia del milagroso poder sanador de Jesús se había extendido tan rápidamente que les dijo a los discípulos que prepararan un bote “para que no lo apretujaran”. Luego sube a una montaña, llama a doce de sus discípulos y los nombra apóstoles para predicar la Buena Nueva y expulsar demonios.

Quizás te preguntes: ¿Por qué Jesús, la encarnación de Dios Todopoderoso, necesitaría delegar? Como ser omnipotente, omnipresente y omnisciente, Dios puede hacer cualquier cosa. ¿Por qué necesitaría Dios ayuda?

Jesús nos muestra, al elegir a sus apóstoles, que Dios no tiene intención de operar solo. Jesús no nos necesita, sino que quiere que seamos participantes activos en edificar el Reino de Dios. Si queremos que las cosas cambien, tenemos que ser agentes de ese cambio. Con el ministerio de Jesús en la tierra, Dios nos mostró que vivir en comunidad y en relaciones con otros es algo valioso y santo. Jesús nunca fue un gobernante solitario que dictaba desde arriba. Nos muestra que debemos trabajar como comunidad.

Reflexiona: ¿En qué parte de tu vida podría beneficiarse de trabajar dentro de un grupo en lugar de hacerlo en soledad?

MARTES 3 de marzo

[Jesús] volvió a casa, y otra vez se reunió la multitud de modo que ellos no podían ni siquiera comer pan. Cuando los suyos lo oyeron, fueron para prenderlo porque decían que estaba fuera de sí. Los escribas que habían descendido de Jerusalén decían que estaba poseído por Beelzebul y que mediante el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

— Marcos 3:19b-22

Estos pasajes del Evangelio de Marcos pueden ser bastante confusos. Los seguidores de Jesús son tan numerosos que él y los discípulos ni siquiera pueden comer. Sus familiares dicen que está loco. Entonces los maestros de Jerusalén lo acusan de servir a Belcebú, el príncipe de los demonios.

Esta situación nos recuerda las vidas caóticas de las celebridades modernas, que son acosadas por tanta gente que a menudo contratan guardaespaldas y viven recluidas.

La familia y los amigos de Jesús que afirman que “estaba fuera de sí” no parecen muy comprensivos, pero ¿existe la posibilidad de que estuvieran tratando de protegerlo de las autoridades? Sabían que la afirmación de Jesús de ser el Hijo del Hombre podría hacer que lo arrestaran y ejecutaran. ¿Es posible que estuvieran tratando de salvarlo alegando que no sabía lo que dijo?

Sin embargo, Jesús no huye a un lugar seguro, sino que aprovecha la situación para enseñar la idea radical y revolucionaria de que toda la humanidad es una familia: la familia de Dios. Para Jesús, no hay separación de familia, tribu, raza o nación.

A menudo deseo que todas las religiones pudieran fusionarse en una sola, y que todos nos convirtiéramos en una familia enorme y amorosa. Dejaríamos de oprimirlos para protegernos a “nosotros” y, en cambio, todos trabajaríamos juntos en bondad y amor. Parte de mi práctica espiritual consiste en hacer un inventario moral audaz e inquisitivo; cuando lo hago, soy consciente de que siempre necesito examinar cualquier sesgo o tendenciosidad que yo pueda tener hacia los demás. Trabajo mucho para educarme sobre cómo ser una defensora y aliada eficaz, en lugar de asumir que soy completamente imparcial.

Reflexiona: ¿Alguna vez miras a otro grupo de personas como “ellos” y albergas sentimientos de miedo o resentimiento hacia ellos? ¿Podrías orar para responder con más amor y bondad?

MIÉRCOLES 4 de marzo

Y les enseñaba muchas cosas en parábolas. Les decía en su enseñanza: «¡Oigan! He aquí un sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, aconteció que parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron. Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y en seguida brotó porque la tierra no era profunda. Y cuando salió el sol se quemó y, porque no tenía raíces, se secó. Otra parte cayó entre los espinos. Y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y aumentando dieron fruto. Y llevaban fruto a treinta, sesenta y ciento por uno».

— Marcos 4:2-8

Cuando era niña y crecía en una iglesia bautista, escuchaba esta historia a menudo. La parábola del sembrador era una de las favoritas de nuestro predicador, y me impresionó tanto que todavía pienso en ella con bastante frecuencia.

Nuestro predicador usaba esta parábola para guiar a la congregación hacia el evangelismo. Como buenos bautistas, se esperaba que todos proclamáramos las Buenas Nuevas de Jesucristo a toda persona que conociéramos. Sin embargo, muchos de nosotros nos dimos cuenta de que no todos están ansiosos por escuchar las Buenas Nuevas: en cuanto dijéramos algo acerca de Jesús, nuestro compañero de asiento podría dar un suspiro resignado y poner los ojos en blanco. Otros podrían ponerse sus auriculares para tapar nuestro parloteo religioso.

Incluso cuando trabajaba en la Iglesia de Santa María la Virgen en la ciudad de Nueva York, cometí errores en nuestro ministerio con las personas sin hogar que dormían en nuestros bancos: cuando comencé a entregarles bolsas de tocador, se me ocurrió crear lo que pensé que era un folleto muy sagrado y edificante que contenía oraciones y lecturas cuidadosamente elegidas. Todos los días, encontraba los folletos esparcidos debajo de los bancos o arrugados en los pasillos. Me di cuenta de que estas personas no necesitaban palabras en papel. Necesitaban que les mostrara el amor de Cristo siendo compasiva con ellos. En los años que siguieron, las personas en las bancas me enseñaron mucho sobre el evangelismo.

Las diferentes áreas que Jesús describe en la parábola representan los diversos tipos de respuestas a nuestra proclamación de la Buena Nueva. Algunas personas son como buena tierra, ansiosas por aprender y hacer crecer su fe, y luego hacer germinar esa fe en el mundo. Otros no son tan receptivos y solo reciben la Buena Nueva temporalmente antes de distraerse. Otros están cerrados y es poco probable que reciban el mensaje
de Cristo.

Se necesita un nivel único de compasión para compartir el Evangelio de una manera que atraiga a la personas en lugar de alejarlas.

Reflexiona: ¿Cómo podría compartir el Evangelio de manera que sea acogedora y significativa para los demás?

JUEVES 5 de marzo

Porque al que tiene le será dado, y al que no tiene aun lo que tiene le será quitado.

— Marcos 4:25

Después de la parábola del sembrador, Jesús presenta tres parábolas más a sus discípulos en este pasaje del Evangelio de Marcos. Este versículo de la primera parábola solía ser muy confuso para mí. Parece estar en oposición directa a los ideales del Magníficat y otras Escrituras en que Dios promete derribar a los poderosos de sus tronos y saciar a los pobres. Me preguntaba por qué Dios le quitaría a los que tienen poco.

Cuando ingresé al convento a los 46 años, había pasado toda una vida orando, adorando y estudiando las Escrituras. Sabía que todavía tenía mucho que aprender desde una perspectiva académica y teológica, pero pensé que mi vida de oración estaba llena hasta el borde. Dios pronto me mostraría que estaba equivocada.

La directora de novicias, la hermana Barbara Jean, me dijo que tenía mucho que aprender sobre la oración. “¿Pero cómo podría ser eso?”, le pregunté. “He orado de todas las maneras posibles, y nunca estaré más cerca de Dios de lo que lo estoy ahora”. A pesar de mis declaraciones engreídas, ella insistió en que tomara clases de oración con varias hermanas. Yo pensé que sería una pérdida de tiempo.

Mi devoción era profunda y se había expandido constantemente durante casi cinco décadas, pero cuanto más aprendía, más me daba cuenta de que todavía tenía años luz por recorrer para profundizar la oración. Yo había pensado que había una lista de formas estándar de orar, pero mis hermanas me enseñaron que hay infinitas formas de orar. Escuchar música, hacer arte e incluso tejer puede ser oración si se abordan intencionalmente. Cualquier cosa que nos acerque a Dios es oración. Eso yo no lo sabía.

También aprendí que la cercanía que sentía con Dios era bastante superficial. Los años que he pasado en oración en el convento han profundizado esa cercanía y me han enseñado que no hay límite para la profundidad de una relación con Dios. Podría orar toda la vida y aun así seguir acercándome cada día.

Las palabras de Jesús nos muestran que cuanto más oremos, adoremos y aprendamos, más se nos dará. El amor de Dios es infinito y podemos viajar cada vez más hacia ese amor por la eternidad.

Reflexiona: ¿Qué cosas te acercan a Dios? ¿Sientes que puedes profundizar tu vida de oración?

VIERNES 6 de marzo

Entonces se levantó una gran tempestad de viento que arrojaba las olas a la barca de modo que la barca ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal, pero lo despertaron diciendo: «¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos?». Y despertándose, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Calla! ¡Enmudece!». Y el viento cesó y se hizo grande bonanza. Y les dijo: «¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?».

— Marcos 4:37-40

La mayoría de quienes dirijo como directora espiritual son clero ordenado o están en proceso de ordenación. Siempre uso este milagro de Jesús calmando la tormenta para proporcionar contexto para el trabajo del ministerio. La iglesia, les digo, no es un barco flamante con una tripulación perfecta que lo guía. Es, en cambio, un barco con agujeros en el casco y una tripulación de todo tipo, y es realmente un milagro que aún permanezca a flote. La gente de la iglesia no se embarca en un crucero de placer. Pero hacemos todo lo posible para mantener a la iglesia en tiempos difíciles con tripulación y pasajeros humanos y falibles.

Esta historia se encuentra en Mateo, Marcos y Lucas, y se hace eco del Salmo 107, que relata cómo Dios liberó a los israelitas de sus muchas dificultades. Los versículos 28 y 29 del Salmo dicen: “Entonces clamaron al Señor en su angustia, y los libró de su aflicción. Calmó la tempestad en susurro, y apaciguó las olas del mar”.

Jesús, como encarnación de Dios, calma las olas del mar.

Nuestro barco, la iglesia, es frágil y diminuto contra las poderosas fuerzas que se ciernen sobre él. Nuestro ministerio a menudo se ve sacudido por fuerzas que no controlamos. El estrés de tratar de permanecer fieles a nuestro discipulado a veces puede conducir a la desilusión y al agotamiento. Jesús, en esta historia, está durmiendo tranquilamente en un cojín mientras la tormenta ruge. No entiende por qué los discípulos tienen miedo.

Cuando Jesús calma las aguas embravecidas, nos está mostrando que incluso en medio de la tormenta, Dios todavía está a cargo. Dios tiene poder sobre cada dificultad que enfrentamos, y lo único que tenemos que hacer es pedirle ayuda.

Reflexiona: ¿Cómo fue sacudida tu propia ruta de navegación espiritual por las olas del mundo?

SÁBADO 7 de marzo

Los que apacentaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y fueron para ver qué era lo que había pasado. Llegaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.

— Marcos 5:14-15

En el pasaje de hoy de Marcos, Jesús expulsa demonios de un hombre en la región de los gadarenos. Para nuestras mentes modernas, este hombre parecería estar sufriendo de una enfermedad mental o alguna enfermedad física que le hizo vivir una existencia torturada. Después de que Jesús ordena: “¡Sal de este hombre, espíritu inmundo!”, los demonios llaman a Jesús, rogándole que los envíe a un hato de cerdos.

¿Por qué Jesús se detiene después de ordenar a los demonios que abandonen al hombre? ¿Por qué le pregunta al demonio su nombre, que dice que es Legión “porque somos muchos”? ¿Por qué escucha su petición y la concede?

Hay muchas teorías sobre por qué Jesús parece conceder misericordia a la legión de demonios. Con la que más me identifico es que Jesús está mostrando su poder sobre todo, incluso el mal. Los humanos no tenemos idea de lo que realmente son los “demonios”, y no tenemos una indicación clara de la relación de Dios con estos “demonios” en el contexto más amplio de la creación. En este pasaje Jesús nos muestra que todavía hay muchas cosas que no sabemos. En ese momento y lugar, se decía que las personas que sufrían de enfermedades mentales estaban poseídas por espíritus malignos. Ahora sabemos que estas cosas pueden ser una manifestación de la genética o el medio ambiente y a menudo se relacionan con la química y la estructura del cerebro; pero todavía no tenemos idea de por qué ocurren estas circunstancias o por qué son parte de la creación de Dios.

He visto a muchos amigos y familiares acosados por sus propios demonios de adicción y alcoholismo. Es desgarrador ver a buenas personas en medio de algo que se apodera de su verdadero yo y busca destruirlas. Cuando le pido a Dios que ayude a estas personas, no le pido a Dios que trate sus síntomas, sino que transforme sus almas para que puedan volver a su juicio cabal.

Reflexiona: ¿Puedes orar para tratar de resolver estas preguntas? ¿Puedes pedirle a Dios que te ayude a entender por qué estos “demonios” están entre nosotros?