
16 DE MARZO – 21 DE MARZO
LUNES 16 de marzo
Se maravillaban sin medida, diciendo: «¡Todo lo ha hecho bien! Aun a los sordos hace oír, y a los mudos hablar».
— Marcos 7:37
Como parte de mi entrenamiento para el proceso de ordenación, trabajé como capellana interna en un gran hospital durante nueve meses. En el transcurso de esos meses, a menudo reflexionaba sobre cómo un hospital es un lugar donde personas de todas las religiones, orígenes económicos y culturas viven bajo un mismo techo. Como capellana cristiana, tuve que aprender formas de relacionarme con todos los pacientes que visitaba, a pesar de nuestras diferencias superficiales.
Cuando me llamaron al lado de la cama de un hombre que se estaba muriendo, miré la afiliación religiosa en su historial y vi que era musulmán. Inmediatamente pensé: “Caramba, este hombre no querrá que lo visite una capellana cristiana”. Cuando llegué al lado de la cama, el hijo, la nuera y el nieto pequeño del hombre estaban allí. A pesar de mi miedo a ofenderlos o molestarlos, me dieron la bienvenida. Incluso confiaron en mí para cuidar a su adorable niño pequeño mientras llamaban a amigos y familiares. En ese lugar de curación, no había muros que nos separaran.
La lectura de hoy de Marcos contiene dos historias de curación. Jesús expulsa a un demonio de la hija de la mujer sirofenicia y luego sana a un hombre que era sordo y mudo.
La mujer no es judía, por lo que Jesús le dice que sus milagros y enseñanzas no son para “los perritos”, queriendo decir “para aquellos que no son el pueblo elegido de Dios”. Sin embargo, ella persiste en sus súplicas y Jesús le concede su petición, diciendo: “Por causa de lo que has dicho, ve; el demonio ha salido de tu hija”. El hombre sordomudo es parte del pueblo elegido, pero es un marginado porque se le percibe como defectuoso y pecador debido a sus imperfecciones físicas. Jesús no se niega a sanar a ninguna de estas personas, sino que nos muestra el verdadero significado de la Ley de Dios.
Reflexiona: ¿Cómo puedes encontrar puntos en común con aquellos que son diferentes a ti o que pueden ser considerados “extraños” en cierto entorno social?
MARTES 17 de marzo
Entonces él mandó a la multitud recostarse en tierra. Tomó los siete panes y, habiendo dado gracias, los partió y daba a sus discípulos para que ellos los sirvieran. Y ellos los sirvieron a la multitud. También tenían unos pocos pescaditos. Y después de bendecirlos, él mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron.
— Marcos 8:6-8a
No soy una gourmet. Cuando la gente comienza a entusiasmarse con una receta y me recita todos los ingredientes, o enumeran todos los elementos de una comida maravillosa que tuvieron, mi mente deja de funcionar, porque no me interesa en absoluto. Yo como para mantenerme viva. Disfruto comiendo, pero no tengo ningún interés en cocinar o reflexionar sobre muchos ingredientes y las diversas temperaturas del horno.
Sin embargo, cuando trato de entender la importancia de la comida en el ministerio de Jesús, a veces necesito ponerme en el lugar de una entusiasta de la alta cocina. Me desafío a mí misma a ver la comida a través de la lente de alguien que tiene una conexión fuerte y profunda con la cocina y la alimentación. Para los gourmets la comida es mucho más que algo que consumimos para sobrevivir. La comida, para ellos, contiene todo un universo de sabores, olores y simbolismo. Ellos creen que alimentar a las personas es un ministerio sagrado.
Jesús siente compasión por las personas que han viajado de lejos para verlo. Su corazón sabe que deben estar hambrientos y cansados, por lo que quiere alimentarlos. La sabiduría de Dios es el alimento espiritual que nos nutre y fortalece, y Jesús agrega más al proporcionar alimentos tangibles que fortalecen nuestro ser físico. Dios siempre busca nutrirnos y atender nuestras necesidades.
Reflexiona: ¿Qué simboliza la comida para ti? ¿Cómo influyen las dos historias de alimentación de Marco en la manera en que entiendes el alimento espiritual que proviene de Dios?
MIÉRCOLES 18 de marzo
Se habían olvidado de llevar pan, y no tenían consigo en la barca sino un solo pan. Y él les mandó, diciendo: «Miren; guárdense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes».
— Marcos 8:14-15
Aquí estamos, hablando de pan una vez más.
Uno de los muchos dones del Oficio Divino es la lectura consecutiva de pasajes de las Escrituras, que proporciona continuidad y contexto mientras seguimos a Jesús en su camino hacia la Cruz.
Ayer había siete panes. Hoy en día, los discípulos pobres y distraídos se olvidan de traer suficiente pan, por lo que solo tienen un pan. Podríamos esperar que Jesús también multiplique este pan, pero en cambio lo usa como una advertencia. Él acaba de rechazar a los fariseos que le pidieron una señal, y advierte a sus seguidores que tengan cuidado con la levadura, o las enseñanzas, de los fariseos. Siendo completamente humano y completamente divino, Jesús se exaspera tanto con los discípulos como con los fariseos, y pregunta: “Teniendo ojos, ¿no ven? Teniendo oídos, ¿no oyen? ¿No se acuerdan?” (Marcos 8:18).
Jesús y los discípulos van entonces a Betsaida, donde hay un hombre que tiene ojos y no ve. Llevan al hombre a Jesús para que lo cure. Jesús escupe en los ojos del hombre, y cuando le pregunta si puede ver algo, el hombre responde: “Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan”. Esta respuesta es tan vívida y clara que podemos visualizar fácilmente la escena. Está empezando a ver, pero al igual que los discípulos, sólo está a mitad de camino. Cuando Jesús pone sus manos sobre los ojos del hombre, puede ver con claridad.
He estado asistiendo a la iglesia desde que tenía aproximadamente un mes de edad, y he estudiado la Biblia a lo largo de mi vida. Sin embargo, todavía estoy a mitad de camino de comprender la naturaleza de Dios y el significado completo de la Encarnación de Dios en Jesús. Soy como el ciego, a mitad de camino. También me siento identificada con los discípulos y los fariseos que luchan por comprender lo que Jesús dice y hace. ¡Es tanto lo que su sabiduría sobrepasa la comprensión humana! Al final de mi vida todavía estaré a mitad de camino de ver esa sabiduría con claridad.
La buena noticia es que Jesús nunca se da por vencido con respecto a nosotros. Tal como lo hizo con el ciego, sigue tratando de sanarnos y transformarnos.
Reflexiona: ¿Cuáles son algunas de las enseñanzas y acciones de Jesús que te cuesta entender? ¿Puedes preguntarle a Dios en tu vida de oración y pedirle que te dé ojos para ver?
JUEVES 19 de marzo
Entonces él les preguntó: «Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?».
— Marcos 8:29a
El tono del Evangelio de Marcos cambia dramáticamente en este punto, pasando de la alegría exuberante de las multitudes y los milagros a una sobria advertencia sobre el sufrimiento y la muerte. Pedro declara que Jesús es el Mesías, y Jesús luego les dice a los discípulos que deberá enfrentar el rechazo, la muerte y la resurrección.
Después de esta impactante revelación, Pedro lleva a Jesús aparte y lo reprende. Esta historia también se cuenta en Mateo, donde Pedro dice: “Señor, ten compasión de ti mismo. ¡Jamás te suceda esto!” (Mateo 16:22b). Jesús responde reprendiendo duramente a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”. Pedro está haciendo lo que haría cualquier buen amigo, pero Jesús le recuerda que los designios de Dios no se ajustan a los límites del pensamiento humano.
Cada vez que le pido ayuda a Dios con una situación difícil, visualizo intencionalmente lo que quiero, visualizo otros cinco posibles resultados y luego abro un espacio para el Espíritu Santo. A lo largo de los años, me he dado cuenta de que si me aferro demasiado a mi propia versión del resultado, estoy siguiendo rígidamente mi propia voluntad en lugar de someterme a la voluntad de Dios. Cada vez que recuerdo abrir espacio para el plan de Dios, Dios siempre encuentra una solución mucho mejor de la que yo podría imaginar.
Pedro ama a su amigo Jesús. No quiere que sufra y muera. Quiere hacer todo lo que esté a su alcance para proteger a Jesús de este terrible destino. Aunque Pedro está actuando por amor, Jesús lo amonesta, recordándole que se debe hacer la voluntad de Dios. La propia voluntad de Pedro, en esta situación, se opone al plan de Dios, al igual que Satanás y las fuerzas de destrucción se oponen a él.
Todos queremos evitar que sucedan cosas malas, pero a menudo no reconocemos cómo todo lo que encontramos, tanto bueno como malo, es parte de la historia más grande y eterna de Dios.
Reflexiona: ¿Ha habido alguna situación de tu vida en la que la solución de Dios fue mejor de lo que tu querías que sucediera?
VIERNES 20 de marzo
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les hizo subir aparte, a solas, a un monte alto, y fue transfigurado delante de ellos.
— Marcos 9:2
La Transfiguración es otra de esas historias maravillosamente visuales en las que es relativamente fácil ponernos en la escena e imaginar lo que sucede frente a nosotros. La Transfiguración está registrada en los tres Evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas, y nos brinda otra visión de la naturaleza insondable de Dios.
Jesús invita a Pedro, Santiago y Juan a subir a la cima de una montaña, y allí ven a Jesús transformado en una luz blanca enceguecedora. Moisés, que también subió a la cima de una montaña y se encontró con Dios en la luz llameante de una zarza ardiente, aparece junto con el profeta Elías. Jesús habla con Moisés y Elías mientras Pedro, Santiago y Juan se quedan asombrados. Pedro quiere hacer tres tiendas de campaña para contener a los tres, así como los israelitas hicieron una tienda y luego el templo para la contener la presencia de Dios en el Lugar Santísimo. Sin embargo, en ese momento, la voz de Dios declara que Jesús es su hijo amado, tal como lo hizo en el bautismo de Jesús.
En esta historia, como en la lectura de ayer, Jesús está revelando quién es por etapas. Primero, pregunta: “Ustedes, ¿quién dicen que soy yo? y Pedro lo reconoce como el Mesías. Luego habla de la voluntad de Dios que él muera en la cruz y resucite, y ahora se les aparece en toda su gloria, lo que no les deja ninguna duda que están teniendo una experiencia gloriosa.
Nuestro propio camino de fe también implica conocer a Jesús por etapas. Cuando yo era niña y crecía en la Iglesia Bautista del Sur a fines de la década de 1960, pensaba en Jesús como un primo hippie, genial y tranquilo. Jesús era mi amigo. Yo hablaba con él. Le rezábamos en la iglesia, y todo era positivo y fácil. No observábamos Semana Santa en nuestra Iglesia, solo Navidad y Pascua con todos los dulces y la celebración.
Sin embargo, a medida que maduré en mi fe, comencé a comprender el significado más profundo de la identidad de Jesús. Cuando me convertí en episcopal, evitaba ir a los servicios de Semana Santa porque me molestaban demasiado. Cuando finalmente decidí confrontar la molestia que sentía en Semana Santa, mi fe se profundizó y comencé a comprender la Buena Nueva de Jesucristo: Dios tiene poder sobre la muerte.
Reflexiona: ¿Quién fue Jesús para ti a medida que crecías en la fe? ¿Cómo ha cambiado tu concepto de Jesús desde que empezaste a creer?
SÁBADO 21 de marzo
Le respondió uno de la multitud: «Maestro, traje a ti mi hijo porque tiene un espíritu mudo, y dondequiera que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos y cruje los dientes, y se va desgastando. Les dije a tus discípulos que lo echaran fuera pero no pudieron». Y respondiendo les dijo: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los soportaré? ¡Tráiganmelo!».
— Marcos 9:17-19
Cada vez que escucho este pasaje leído en voz alta en la iglesia, tengo que reprimir una risa cuando Jesús dice: “¿Hasta cuándo los soportaré?”. ¿Quién de nosotros no ha dicho o pensado eso en algún momento cuando estamos frustrados con las personas que nos rodean? Jesús ha tratado de explicar a la gente quién es él. Ha realizado muchos milagros, y los discípulos han sido testigos de cosas asombrosas, y sin embargo, la gente todavía no cree plenamente que él es el Hijo de Dios.
Cuando comencé mis estudios como capellana de hospital, una de mis hermanas en el convento me contó sobre una práctica de oración que había aprendido mientras trabajaba de enfermera: consistía en agradecer a Dios por la curación, en lugar de pedirle a Dios que la sanara. Este enfoque también se puede usar para otros, así que comencé a orar por las personas en el hospital diciendo: “Gracias, Dios, por este milagro de sanidad”, en lugar de pedir uno. Le pregunté a mi hermana: “¿Pero qué pasa si le doy gracias a Dios por el milagro y luego el paciente muere?” Ella dijo: “Eso significa que Dios ha sanado a la persona en la próxima vida en lugar de sanarla en esta vida. Eso también es un milagro”. Esta práctica de oración refuerza lo que Jesús hace en sus milagros de curación, que él convierte en un ejercicio participativo en lugar de simplemente poner las manos sobre alguien y luego pasar al siguiente. Muchas veces, en los Evangelios, Jesús señala que la fe de la persona le trajo curación. En la historia de hoy, el padre del niño le ruega a Jesús: “Si puedes hacer algo, ¡ten misericordia de nosotros y ayúdanos!” y Jesús responde con: “¿Si puedes…?”. ¡Al que cree todo le es posible!”. El padre del niño luego pronuncia una de las súplicas más profundas de toda la Escritura: “¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!”.
Cuando apelamos a Dios por sanidad y transformación, somos participantes activos en esa curación a través de nuestra fe. Más adelante en el Evangelio de Marcos, Jesús dice: “Por esta razón les digo que todo por lo cual oran y piden, crean que lo han recibido y les será hecho” (Marcos 11:24). Este tipo de fe puede ser la nuestra, especialmente si le pedimos a Jesús: “¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!”.
Reflexiona: ¿Cómo puedes ser un participante activo en la curación? ¿Qué hábitos de santidad podrían ayudarte en ese proceso?